-Hoy le voy a proponer algo diferente. Muy diferente.
-Ya veo que es diferente Profesor... Me ha traído en bicicleta hasta Batán y de lo único que hemos venido charlando en todo el trayecto es sobre sus mascotas, en especial sus pájaros.
-Bueno, pero no se preocupe que hoy vamos a recorrer el pueblo de Batán pero sin pedalear mucho más y para eso vamos a tener que sacar de adentro el actor que todos tenemos.
-No entiendo, Profesor...
-Doblemos acá...Usted sáquele la válvula a la rueda de adelante y escóndala en el bolsillo. Después sígame la corriente a mí, que si todo sale bien, le prometo que va a recorrer el pueblo de Batán sin transpirar una gota. Allá tenemos que ir, ¿ve aquella bicicletería?
-Sí, espere un segundo. Se va a desinflar la rueda...
-Eso es lo que quiero... Le adelanto algo, esa bicicletería tiene 51 años y le pertenece a Luis Gabbin, un hombre que además de bicicletero, es fotógrafo, escritor, actor, dirigente, coleccionista... Es ese hombre, déjeme a mí...Hola que tal tenemos un problemita acá con la bicicleta...
-¿Qué pasó? Le falta la válvula... Medio raro, pero espero que lo soluciono rápido...
-¿Usted es Gabbin?
-Sí, al menos eso dice en el cartel...
-Profesor, qué pregunta...
-Sígame la corriente... Dígame Gabbin, me han comentado que usted conoce Batán como nadie y por lo que veo en esa pizarra está desde aquí el año '47 acá...
-Sí, vine a organizar algunas carreras de bicicleta, algo que yo ya hacía en Mar del Plata. Y bueno, llegué hasta Batán convencido por unos muchachos y me quedé para siempre. En aquella época, para que tenga una idea, Batán no era absolutamente nada...Imagínese que eran los finales de los '40 y la luz en el pueblo se encendía a las siete de la tarde y a las doce menos cinco se hacía un "prendiapaga". Se daba aviso que en 10 minutos, no iba a haber más luz... Y la gente se apuraba porque de repente esto pasaba a ser una boca de lobo. A usted que es más joven tal vez le resulte muy raro...
-Igualmente el Profesor me cuenta muchas historias así que nada me sorprende...
-¿Ah, usted es profesor?
-Algo así. Ahora digame Gabbin la bicicletería siempre fue un buen negocio en Batán porque recuerdo que por aquellos tiempos las canteras funcionaban a pleno y uno podía ver bajar hacia lo que hoy sería la ruta 88 una procesión de trabajadores en bicicletas.
-Sí parecían hormiguitas... Mire, las canteras fueron parte importante del crecimiento de Batán, como también los campos y a la último la cárcel. Pero las canteras tenían ese agregado de que estaban muy fuertes. Usted sabe que cuando ponían los barrenos se movían las casas de todo el pueblo. Acá en las canteras se trabaja muy duro y casi nunca los obreros paraban, ni siquiera para tomar la ración de leche que se les daba para que no se vieran afectados los pulmones de tanto polvillo...
-Si habrán sacado piedra de esas canteras...
-Y no solo la que se ve... En Mar del Plata, la piedra de Batán se ve en las casas, pero en Batán las casas parecerían no tener piedras de estas canteras... La diferencia es que en Mar del Plata la usan estéticamente, para que se luzca, y acá la gente la usó siempre como cimiento, como base... También en Batán los hornos de ladrillos aportaron mucho para la construcción...
-Profesor usted me ha contado muchas historias, pero don Gabbin me parece que lo empareja...
-Dejeme decirle Profesor a mí también.
-Dejese de embromar...
-Vamos a aprovechar para engrasar un poco el piñón y mientras le cuento, Profesor y a usted también querido, que si algo sobra en Batán son las historias... Y pueden imaginar que donde hay gente de campo siempre suceden cosas ocurrentes... Mire hace un tiempo organizábamos acá, pegado a la bicicletería la peña El Lucerito. Bueno, se llenaba de gente y de paisanos. Y un día trajimos a un ventrilocuo, para que hiciera reir un poco a la muchachada. La cuestión es que el muñeco empezó a contar algunas historias, pero cada tanto criticaba la vestimenta de un paisano que estaba a un costado. Y el paisano se empezó a enojar. Pero lo gracioso es que el paisano creía que era una persona y no un muñeco, hasta que se cansó y sacó un facón ahi nomás.
-¡No le creo!
-¡Qué no..! Y empezó a decir "cortala enano porque te voy agujererar. Conmigo nadie se mete". El ventrilocuo le decía es "un muñeco, es un muñeco" y el paisano que le retrucaba "qué muñeco, le voy a dar al enano ese y a vos también que te lo sentás en la falda!" Guapos y cuchilleros han habido unos cuantos, Profesor, pero usted me va a perdonar porque yo me voy a reservar los nombres.
-Señor Gabbin, el Profesor lo va a perdonar, pero yo no lo perdonaría si usted no me cuenta alguna historia...
-Bueno querido, pero sin nombres. Una vez estábamos en el club Juventud Unida, pero en el salón 9 de julio haciendo un espectáculo para la gente. Me acuerdo que estaba El Hombre de las Mil Caras, que era un artista que imitaba y se cambiaba... Y se armó ahí nomás una pelea y uno le abrió la panza al otro,. ¡El miedo que tenía El Hombre de las Mil Caras! Imagínese que lo agarramos al pobre tipo que estaba herido y le echamos un poco de caña. Una escena increíble. Pero lo que más recuerdo son los orígenes de las peleas.
-Me imagino que alguna traición, una deslealtadad...
-No Profesor, apenas si uno se sentía malmirado, ahí empezaba la pendencia. Era todo rapidito... Yo la pasé mal más de una vez, pero ¿quieren que le cuente una muy graciosa?
-Claro ¿como no?
-Durante un par de años yo adapté el poema de Juancho El desertor y lo transformé en una obra de teatro. En Batán la dábamos en los clubes, también en Chapadmalal, aunque había un poco de rivalidad, se llenaba de gente. Pero una temporada nos internacionalizamos, como decíamos en chiste. Y nos fuimos para los pueblos de la zona. Una noche estábamos en Santamarina y se había llenado el salón.
-La gente esperaba el teatro...
-¿Qué le parece? No había mucho para hacer... Bueno lo cierto es que al final de la obra yo, que hacía de capitán, un tipo jodido, tenía que matar de un disparo a Juancho. La escena era muy realista porque primero yo le daba unos rebencazos en la espalda y el actor que hacía de Juancho se ponía unos cartones para que no le doliera. Además en un bolsillo de la camisa tenía una bolsa con sangre de vaca. Bueno, en esa escena yo le pegaba a la madre... De pronto yo estaba arriba del escenario, dándole a la vieja cuando escucho un alboroto al final del salón. Pero bueno, seguimos, le pego el tiro a Juancho y la obra termina.
-Hasta ahí nada raro...
-No querido, pero cuando bajé del escenario, saltó un paisano, que era el que había hecho el alboroto y con un cuchillo me decía: "Gallina tenés que ser para pegarle así a una mujer, vení a pegarme a mí si te animás". Y no podía entender, no podía diferenciar entre la obra y la realidad. Ahí me salvé de casualidad, porque no lo podían parar a este hombre...
-Profesor, el señor Gabbin nos podría contar la historia de Batán con su sola experiencia...
-Sí querido, aunque el señor Gabbin no es tan viejo...
-Sí, tengo algunos cuantos años Profesor... De todos modos, el gran desarrollo de Batán fue la segunda etapa del pueblo, la primera fue con los Liendo, los Batán, los Ríos, los Ortiz y esa sí que no se la puedo contar como testigo...
-Ya lo creo don Gabbin...
-Bueno, ya está inflada y pueden seguir camino...
-Ahora que ya arregló mi bicicleta, ¿dónde nos recomienda pedalear por Batán?
-Y vaya para el lado de las canteras, para el ferrocarril que lo lleva a Estación Chapadmalal y tal vez alguien ahí le cuente la historia del Príncipe de Gales, recorran algunas quintas también, fijénse si logran descubrir las viejas casonas, seguramente esas usted las va a identificar Profesor...
24.3.08
Historias del pueblo de al lado
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Etiquetas: Batán
17.3.08
En la tierra de donde brotaba fuego
-Como ya le he contado en más de una oportunidad, los nombres de los barrios no siempre fueron iguales. Pero este sector que hoy vamos a recorrer tiene una particularidad que me parece no la tiene ningún otro de Mar del Plata.
-¿Respecto al nombre, Profesor?
-Sí. Mire, tendríamos que repasar los distintos barrios y encontrar al menos uno que haya tomado el nombre de una firma comercial. Me parece que no hay otro, pero esto solamente es una presunción, mi memoria suele no entregarme el grado de certeza que yo desearía. Lo cierto es que en esta esquina de Vértiz y Edison comienza Termas Huincó, que con anterioridad a la llegada de una empresa de la que ya le voy a hablar, se llamaba Juramento Norte. Aunque en realidad ese tampoco fue el nombre original. En un principio, y puedo sencillamente entenderse, se lo llamó Barrio Nuevo.
-Lógico Profesor.
-Este barrio antes era un cúmulo de chacras, maizales y el arroyo Don Bosco o Arroyo Seco que lo atravezaba todos maizales. Incluso acá mismo, en esta esquina de Edison y Vértiz.
-Antes de que siga. Esa diagonal es medio extraña, ¿no?
-Invado. Se llama aquí Diagonal Invado, y es una diagonal, que luego tiene una curva, lo cual parecería contradecirse a si misma. No existen diagonales con curvas, salvo en el barrio Termas Hunicó. Algunas la conocen como diagonal Gaszcón también, porque es el nombre que adopta cuando cambia de barrio. Y aquí otro aspecto increíble. Ahora estamos parados en Diagonal Invado y Vértiz, y Edison. Si proyecta una línea imagnaria por Invado se unirá con la Diagonal Gazcón, pero solo en la imaginación. La diagonal Gazcón entra 100 metros en el barrio Termas Huincó, proveniente de Juramento, pero llega hasta ahí. Luego hay un par de cuadras que desaparece y asoma nuevamente, ya como Invado.
-No estoy seguro de haber entendido, pero con un mapa me voy a dar cuenta Profesor.
-Pero, dejémonos de estas cosas, y caminemos un par de cuadras por Vértiz que le quiero hablar del gran atractivo del barrio.
-¿De las termas?
-Del agua, en verdad.
-¿Es cierto que el agua de esta zona tenía propiedades especiales?
-Sí, claro que tenía propiedades. A tal punto que se promocionaba al agua mineral de aquí como una de las pocas aguas de Argentina con la calidad de las europeas. Caminemos, hasta la calle Triunvirato que le empiezo a contar. Resulta que en los años 20, Pascual Marcone, cuyo nombre ahora le pertenece a la plaza ubicada en Padre Dutto entre Bouchard y Rosales, fue un visionario y compró tierras al dueño de Mar del Plata.
-Dejeme adivinar, a alguno de los Peralta Ramos.
-Más precisamente, estas tierras pertenecían a Jacinto Peralta Ramos y según figuran en las actas de aquella época eran chacras del Pueblo Peralta Ramos, mire cómo será. Bueno, le decía que Marcone compró las tierras y la idea que tenía en un principio era continuar con lo que había, es decir un tambo, sembradíos. Y lo hizo durante diez años. Sin embargo, en el '31 se requirieron unos trabajos de drenaje para obtener agua para el riesgo y fue entonces que se analizó el agua y no va que encuentran altas propiedades minerales.
-Una casualidad...
-Como todos los descubrimientos... Bueno, Marcone tuvo la idea de ponerle nombre al emprendimiento que se veía venir. Le puso Huincó y aquí hay una duda histórica. Por un lado en guaraní Huin quiere decir "virgen" y Co, quiere decir "agua". Esto parecería definir la situación. Pero en mapuche, Huenu Co significa "agua tendida".
-Yo me quedo con la primera opción...
-Cualquiera de las dos es adaptable. Lo concreto es que en el año 1934 comenzó la explotación comercial de esa reserva de agua que tenía como singularidad que se extraía a temperatura natural. Pero en 1938 descubrieron también que el lodo que rodeaba los centros de afluencia de agua poseían compuestos que ayudaban a mejorar la salud de enfermos de reumatismo, y dolencias en la piel.
-Un tesoro oculto en la tierra...
-Sí, allí entonces nacieron las Termas Hunicó, junto a la embotelladora, con baños indivuales con duchas provistas de agua mineral calentada en calderas, mesas de masajes, bañaderas especiales, dos grandes piscinas y una confitería. Le voy a contar un par de cosas lindas...creo yo. En el predio de las Termas había cuatro casitas, tres de las cuales poseían un vertedero de agua con propiedades diferentes. Después había otra casa que protegía un gran piletón en donde se depositaba el lodo extraído del arroyo.
-¿Y tuvo éxito?
-¡Claro que sí! Durante el tiempo que duró, apenas una década, pasaron personalidades como el presidente Castillo, el general Juan Domingo Perón, el gobernador Manuel Fresco, y mucha gente de la aristocracia. Pero todo tiene un final. Una expropiación acabó con el complejo que años más tarde se transformaría en escuela, igleisa, jardín de infantes. Lo único que actualmente queda son algunas paredes de azulejos de aquella edificación. Están dentro de la Escuela 42. Eso es real, pero hay otras historias que se cuentan...
-¿Qué historias?
-Bueno, dos. Una es un mito y la otra creo una fantasía...Mire como todo barrio hay un mito, una leyenda. Este barrio siempre estuvo muy conectado con la Iglesia. En la inauguración del establecimiento de embotellado de agua, estuvo presente monseñor José Orcali, años después el primer obispo de Mar del Plata Enrique Rau adquirió esas instalaciones por la tranquilidad del lugar. Se construyó primero una guardería, y un especio de retiro espiritual y luego la Escuela 42. También se veía a muchas monjas que llegaban a visitar las aguas termales...
-¿Cuál es el mito en todo eso?
-Bueno el mito, que tiene valor por haber circulado durante años, aún cuando ya pueda decirse que no es cierto, sostenía que aprovechando las redes cloacales, o algún otro tipo de conducto, el edificio de aguas termales estaba unido mediante un túnel con la Catedral. ¿Vaya túnel, no?
-Una locura, Profesor.
-No, un mito urbano. Lo otro que le quería contar es del día que empezó a salir fuego de la tierra. Incluso algunos chicos se quemaron las piernas. En el comienzo de la década del '60 la parte más baja del barrio, en Tripulantes del Fournier y Bosch, más o menos, se usaba de basural. Un día empezó a estar la tierra caliente, cada vez más caliente. Expertos en geología debieron trabajar y confirmaron que las altas temperaturas, que en algunos casos generaban fuego, surgían de las profundidades, debido a la combustión de raíces.
-Profesor, Termas Huincó está pasando a ser uno de mis barrios preferidos... Las cosas que sucedieron...
-Y no le he contado nada...No le hablé del viejo Valdés que se jactaba de ser amo y señor del bosque formado en Fortunato de la Plaza y Edison, tampoco de la carpinteria de los rusos, ni del Arroyo Seco, ni de la casona con pileta de Carasa y Lanzilota que todavía se conserva, ni de los cazadores de liebres... Si quiere seguimos caminando y le cuento.
-¡Por supuesto, Profesor!
-Por lo pronto ahora me gustaría contarle del deporte en el barrio. Del Defensores de Termas Huincó. En los primeros alientos de los '40, el equipo de Banfield de AFA realizaba una gran campaña, por lo que se decidió utilizar camisetas similares al club del sur del Gran Buenos Aires. El primer equipo y debutó enfrentando a un barrio vecino. El partido fue muy emotivo y al concluir con victoria de 3 a 2 para los "termales", algo había cambiado. La gente que había ido a la cancha desconocía el verdadero nombre del equipo de camisetas verdiblancas, por lo que durante todo el partido alentó a "Banfield". Y no hubo más que pensar, pasó a ser Banfield el nuevo equipo de las Termas Huincó que jugaba cada tanto en la cancha del barrio, conocida como la cancha de Tigre. ¿Seguimos caminando?
-Sigamos, Profesor...
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Etiquetas: Termas Huincó
11.3.08
El sueño cumplido de la ciudad jardín
-Me trajo hasta uno de los lugares que más me gustan. Sierra de los Padres es algo que siempre elijo con orgullo a la hora de mostrar a algún conocido que llega de turista a la ciudad.
-No es para menos, es una belleza. Mire lo que ha progresado el lugar que hasta dan ganas de sentarse a tomar un café aquí en la entrada antes de ir a dar una caminata.
-Sí, acepto, por supuesto.
-Mientras elegimos mesa le cuento que Sierra de los Padres es hoy una desmesura, algo que no pudo haber sido imaginado, en la mente de don Roberto Bonzo, quien le compró estas 500 hectáreas a la familia Bordeu. Este hombre compró, loteó y forestó a través de la compañía Alfranco, que él mismo creo. Pero ve aquel árbol, tiene más de 50 años y fue plantado en un sitio donde, lógicamente no había nada más que pasto y piedra. Bueno, use su imaginación, quite todos estos árboles que lo rodean y verá que es increíble la imagen que se forma.
-Casi de desolación.
-Exacto. Este paraje era una desolación... Por eso la gran capacidad de visión de ese hombre al imaginar una "ciudad jardín". Hoy Sierra es un poblado que no para de crecer...y no deja de ser un gigantesco jardín. Con muchos lugares para ver y disfrutar, aunque claro, todo el mundo se acerca hasta la Gruta como un acto reflejo...
-Tendrá su historia ese lugar...
-Qué le parece. La Cueva en la cima de Sierra de los Padres tiene una historia de miles de millones de años. Pese a que se le adjudican propiedades religiosas, es una formación muy anterior a la creación de cualquier religión. Sin embargo, la fe de los hombres puede estar escondida hasta en las rocas. Y
-Profesor, disculpe lo que voy a decirle y espero no se ofenda, pero la Gruta de los Pañuelos parece ser más un emprendimiento de algunos hombres que quieren hacer dinero más que cualquier cuestión divina.
-Muchas veces una cosa viene de la mano de la otra. Está claro que la Gruta de los Pañuelos no está cuidada, que se la explota comercialmente y que afea un sector de una belleza natural increíble. Pero hay personas a las que la vida se les hace un poco más fácil creyendo en divinidades. ¿Y quién tiene el derecho a reprochárselo? Entonces, buen gusto al margen, si la gente toma a esta Gruta como un elemento de fe, que le aprovechen. Usted sabe que la Gruta se transformó en sitio venerado cuando en el siglo pasado una pareja de italianos entronizó una imagen de la Virgen María allí. Luego con el correr de los años se fue cambiando el sentido y de un altar común donde prometer fidelidad a una creencia, se pasó a poner a la creencia como garantía de fidelidad entre las parejas. Un día una pareja ató un pañuelo con otro y dijo: "estos dos pañuelos son uno solo y están anudados para siempre. Como nosotros". La novedad se fue corriendo y empezó a llegar gente que no solo rezaba y prometía fidelidad a la Virgen atando nudos, sino también muchas parejas.
-Un ritual de amor eterno...
-Y una posibilidad también de recolectar pañuelos... Una mujer que ahora es muy anciana y que vive todavía en Sierra de los Padres tuvo la idea de mantener la Gruta, limpiarla. Entonces cuando se acumulaban muchos pañuelos alrededor del altar, los juntaba, los lavaba, los planchaba y los donaba a instituciones necesitadas.
-¿Necesitadas de pañuelos?
-Necesitadas de cualquier donación. Hoy eso ya no se hace y quienes ganan con la Gruta son algunos artesanos, cierta gente que cobran el estacionamiento, y otros que venden pañuelos para que no le falte a ningún visitante distraído. Pero bueno, la Gruta no es el único motivo para visitar a Sierra de los Padres. Es un lugar de ensueño, que en los últimos años ha crecido de modo exponencial. ¿Quiere que le hable de las calles?
-Usted siempre se detiene a hablarme de las calles, Profesor.
-¿Sabe qué ocurre? Las calles son la identidad de una ciudad. Y los nombres de las calles son una capa más prófunda de esa identidad. Usted puede recorrer el mundo y advertirá que en cada sitio urbanizado, los nombres de las calles otorgan una atmósfera particular incluso en los casos más extremos como pueden ser aquellas ciudades que optaron por los números como La Plata o Necochea. Entonces Sierra de los Padres vaya si tiene esa identidad marcada...
-¿Por qué, Profesor? No veo nada raro en que el nombre de la calle principal sea Argentina, el nombre de nuestro país...
-...que también es el nombre de alguna mujer. En Sierra de los Padres las calles llevan nombres de personas. Adriana por aquí, Bruno por allí, Luciano y Analía por el otro lado. Y como le dije antes, más allá del cuidado y el buen gusto en ciertos aspectos, en Sierra de los Padres está la gruta del amor...
-¿Sí, qué tiene que ver, Profesor...?
-Tiene mucho que ver, ya que el nombre de las calles en Sierra de los Padres se ha dispuesto de tal manera que los hombres y las mujeres se encuentren. En homenaje al amor, al romance, a la pareja, las calles con nombre de mujeres son transversales a las de hombres. Si bien el lugar está lleno de diagonales y curvas, es casi imposible encontrar un cruce de calles perpendiculares que no sean un nombre masculino y otro femenino.
-¡Esto sí que es sorprendente!
-Claro que lo es. Pero déjeme hablarle algo más de las calles. Ya que estamos en Sierra de los Padres, usted sabe que este sector, en especial la Laguna de los Padres estaba habitada por indígenas a las órdenes del cacique Cangapol que se enfrentan a punta de lanza con una misión jesuítica defendiendo sus tierras. Mire cómo será el azar como agente modificador de todo y en especial de la memoria. En Mar del Plata, el barrio Parque Luro rinde homenaje a aquellos jesuitas con el nombre de calles: Rejón por Gerónimo Rejón, Falkner por Tomás Falkner, Strobel por Matías Strobel, Cardiel por José Cardiel...y nadie se acordó de Manuel Querini.
-Miré que se da cuenta de cosas usted, Profesor...
-Antes de ir a caminar por el barrio le voy a contar una historia algo escondida, de esas que le gustan a usted.
-Es lo que estaba esperando.
-Sierra de los Padres es un lugar prediseñado, por lo tanto no hay prácticamente construcciones anteriores a la urbanización. Sin embargo, hay un sitio que primero fue una pulpería y que por suerte todavia mantiene en gran parte la estructura de lo que fue entonces. Se llama La Calandria y es conocido porque a pesar de los años y de los cambios de rubro, no dejó de llamarse así. Pero sufrió una asombrosa transformación.
-A ver...
-Es tan particular este lugar que está en una de las pocas esquinas en las que se cruzan dos nombres de mujeres: Eva y Noemí. Como le dije, La Calandria fue una pulpería en donde paraban personas de la zona, porque estas tierras tenían puestos y había gente de a caballo. La Calandria fue el sitio de encuentro de esas personas durante años. Luego al crecer Sierra de los Padres el lugar fue mutando lentamente, hasta que en los '80 un empresario creo que de origen brasileño lo compró. Puso un restaurante muy selecto y caro. Llegada cierta hora de la noche, el restaurante se transformaba en una especie de bar o disco, con la singularidad de que la mayoría de la gente que concurría era gay. Dicen que a la gente del barrio no le gustaron ciertos actos de promiscuidad, imagine que en los '80, había una gran necesidad de liberación...
-Sí, imagino.
-La cuestión es que luego de muchas exigencias, algunas desmedidas, el lugar cerró, pese a que su dueño decía tener buenas influencias, incluso mostraba habitualmente un gran medallón que decía que lo había recibido de un político con mucho poder, pero eso ya son habladurías. Bueno en lugar cerró y sin embargo, hace pocos años reabrió como geriátrico hasta su cierre definitivo. Ahora espera por algún comprador.
-Así que de pulpería a boliche gay y de allí a geriátrico. Una rareza...
-Tan raro como si yo le dijera que Sierra de los Padres fue la precursora del delivery, ¿así le llaman ahora no a cuando se piden cosas para que alguien las traiga al domicilio de uno?
-Sí, pero ¿cómo es eso...?
-Es una ocurrencia mía y me parece que mala. Lo que sucede es que recuerdo que en los '80, cuando apenas vivían 150 familias, solo llegaba desde Mar del Plata el colectivo San Martín. Y llegaba hasta acá, hasta el arco, hasta la entrada. Dos veces al día, el colectivo arribaba y los habitantes de Sierra eran amigos de los choferes. A tal punto que le daban una lista de necesidades y los choferes la compraban en Mar del Plata. Luego cuando llegaban, la gente los esperaba y ellos completaban el servicio de reparto.
-¿Y el colectivo no entraba por otro lado, solo se quedaba acá?
-No, por dos buenas razones. La primera es fundamental: Sierra de los Padres no tiene otra entrada. Todo el mundo que quiera ingresar al barrio debe hacerlo por acá. Al menos en vehículo, porque sí existe algunos pasos peatonales o para gente que anda en caballo. Y además, acá siempre estuvo el control del barrio a través de sus bomberos, de su policía. Ahora está la comisaría decimocuarta, pero antes solo un policía, durante muchos años. Todavía vive el hombre, aunque está retirado. Me dijeron que se llama Raúl Jiménez. Este hombre décadas atrás recorría la zona con un automóvil o a caballo, nomás.
-Bueno Profesor, estoy inquieto. ¿Me lleva a ver todos estos lugares de los que me habló? Quiero comprobar lo del cruce de las calles, quiero ver cómo está la Gruta, quiero que me lleve a La Calandria, espiar el golf, tal vez hasta veamos algún zorro. Dicen que todavía hay algunos...
-¿Por qué, no? Pague usted el café querido y vamos.
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Etiquetas: Sierra de los Padres
3.3.08
Barrio Alfar, o al sur del Faro

-Profesor, que hermoso se ve el faro de Punta Mogotes desde la ruta. A propósito, ¿me va a contar la historia en el algún momento?.. ¿No me diga que va a ser ahora?
-No, no. En otra ocasión le voy a hablar acerca del faro. Por medio de unos viejos amigos me he enterado de muchas cosas que tienen que ver con episodios navales y principalmente con el gran respeto, casi al borde del temor, de los navegantes por esta zona de la costa. El faro ayudó mucho como guía, como referencia, pero así y todo no pudo evitar el naufragio de algunas naveas por culpa de la restinga.
-¿Qué es la restinga?
-Desde acá no se ve el mar, pero si usted pudiera llegar hasta la costa, observaría al sur del faro, a varios cientros de metros atrás de la rompiente como se generan olas aparentemente de la nada. Eso es producto de la formación de rocas, una terminación del Sistema de Tandilia, que se le llama restinga. Y es tan grande, que muchas embarcaciones han naufragado allí. Pero le decía que hoy no le voy a hablar de sucesos navales ni del faro. Hoy voy a mostrarle un barrio que tiene 60 años de historia reciente y le puedo dar información precisa de los primeros habitantes de la zona. Le estoy hablando del barrio Alfar.
-¿Y dónde comienza el barrio Alfar?
-Justo acá en la rotonda del faro. En realidad, viniendo por la ruta empieza acá, pero también llega hasta la entrada sur del bosque Peralta Ramos, hasta el barrio San Jacinto y hasta Faro Norte. Es un barrio muy particular, que tiene algunas cosas interesantes para saber.
-Empecemos entonces, Profesor, por el principio. Usted me dijo que conocía algo de los primeros habitantes del lugar, Si dijo que el barrio tiene 60 años...
-Espere, no se apure que nadie ha dado tres pasos a la vez... Yo le dije que el barrio tiene 60 años, es cierto, pero no quiere decir que los primeros habitantes hayan llegado en ese momento... Le estoy hablando de hace 2.000 ó 3.000 años. Acá se habían asentado los cazadores recolectores y de esto hay pruebas. El barrio Alfar posee una de las regiones arqueológicamente más ricas de la ciudad y por eso es que existe el museo Guillermo Magrassi, que por ahora funciona en la sociedad de fomento.
-Yo confio en todo lo que usted me dice Profesor, pero ¿cuáles son las pruebas de las que me habla?
-Mire hace unos años una importante universidad, de las más importantes de Latinoamérica, siguió el rastro dejado por dos gigantes de la investigación cientifica: Ameghino y Outes. Estos dos hombres realizaron investigaciones acá nomás, ¿ve el puente este que vamos a cruzar? bueno este puente sobre la ruta permite el paso del arroyo Corrientes. A la vera de este arroyo, Ameghino y Outes efectuaron sus trabajos y encontraron muchos indicios de vida de miles de años atrás. Y recientemente esta universidad encontró vestigios de dos ocupaciones, una más reciente, ya que se hallaron boleadoras, instrumentos de piedra, y otra más antigua, de 2.000 a 3.000 años atrás. ¿Y sabe qué descubrieron?
-No, ni idea Profesor...
-Que los lobos marinos y los pingüinos fueron alguna vez fuente de alimento para esos habitantes. Entre los fósiles se pueden ver huesos de estos animales raspados o marcados con flechas y objetos de corte. También se encontraron restos fósiles de animales extraños para la zona, como por ejemplo los guanacos. Pero ¿qué le parece si avanzamos en el tiempo y le cuento un poco del barrio Alfar, más que del área geográfica?
-Sí, estoy ansioso Profesor.
-Bueno, usted habrá visto ese gran edificio, aquel de allá, más de una vez.
-Sí claro, la Torre Alfar.
-Muy bien querido. Doblemos acá por la calle 13. Bueno este edificio es un monumento histórico.
-Se lo ve un poco descuidado...
-Sí, lamentablemente está un poco descuidado por fuera, aunque por dentro, en algunos salones, sigue manteniendo la grandeza de cuando fue concebido. Mire como será de importante que el barrio este se llamaba antes Faro Punta Mogotes y cuando se construyó la toree en 1948 el barrio tomó su nombre y pasó a llamarse Alfar. En ese momento, el proyecto urbanístico de este sector fue increíble, faraónico le diría, teniendo en cuenta lo que yo siempre le he dicho en estas charlas. ¡Imagínese lo lejos que quedaba esto del centro de la ciudad en el año 1948!
-Sí, eso lo aprendí Profesor. Es como que las distancias se achican con el progreso.
-Por supuesto. Pero dejeme que le diga que el proyecto urbanístico consistió no solo en la torre Alfar en un lugar alejado, sino en la edificación de 80 chalets diseminados en las 200 manzanas del barrio. Lo más extraño de esto es que se construyó un chalet por manzana. Uno por aquí, otro por allá. Nada de amontonarlos. A diferencia de una forestación que se ponen muchas ejemplares juntos, acá se sembró el barrio de otra manera. ¿Y sabe qué? Todavía quedan algunas casas.
-¿Por dónde Profesor?
-Por acá nomás tiene que haber una. Doblemos acá en Teniente Racedo. ¡Ahí está! Ve esa casa con piedra abajo y que tiene ese gran arco, bueno esa es una. No las construyeron todas iguales, porque había de dos, tres y cuatro cuartos. Pero la mayoría tenía ese arco identificatorio.
-¿Y alrededor de esas casas fue creciendo el barrio?
-Claro, tal cual. Pero antes debieron quitar la laguna que se formaba en la zona baja, allá cerca del lugar en el que el arroyo pasa por la ruta. Bueno, para organizar el barrio se hizo una canalización de esa laguna, en la cual podrá imaginar, había una gran fauna y hasta era uno de los lugares preferidos de los cazadores para hacer de unos buenos patos. La cuestión es que se canalizó el arroyo y hoy no queda nada de la laguna. El arroyo tiene forma de i griega. Uno de los extremos viene del bosque Peralta Ramos, otro viene del sur, del barrio San Jacinto y se unen cerca de la Diagonal Estados Unidos que es la que entra al bosque. ¡Pero! ¿Ve como son estas cosas? Nos entusiasmamos y nos olvidamos de profundizar algunos temas.
-¿Qué le quedó pendiente?
-La Torre Alfar... Es que tiene una historia tan rica. Le voy a resumir en un par de datos. En verdad, fue Hotel Alfar al principio y la idea era abrir un casino. No fue una idea sino una realidad que duró muy poco tiempo. Funcionaron algunas salas de juego pero no tuvieron éxito, por lo que con los años pasó a ser en lugar de hotel-casino, un condominio, con grandes y hermosos salones, y departamentos lujosos. Era un lugar ideal para asistir a la Playa del Automóvil Club, la que hoy sería playa Alfar.
-Alguien me contó con acá en esta zona se hacían las mejores medialunas del mundo...
-Ja, ja... Sí, de hecho son una tradición inolvidable. Se trata de las medialunas de la confitería Sao-Alfar. Junto con la torre Alfar la confitería Sao-Alfar es lo que define al barrio, en especial para los nostálgicos. ¿Usted sabe que este barrio es una de las 14 reserva forestales de Mar del Plata?
-No, cuénteme.
-Mar del Plata tiene 107 barrios, de los cuales 14 son reserva forestales y solo 4 dan a la costa. Uno de estos 4 es el barrio Alfar, que cuenta con algo excepcional: es la última zona de arena antes de que comiencen los acantilados. Los médanos se terminan aquí. Estas características hicieron que algunos vecinos impulsaran años atrás la idea de barrio semicerrado, pero no prosperó. En las últimas décadas todo se fue transformando y el barrio cambió definitivamente con la irrupción en los '80 de los balnearios privados.
-Profesor, me gustan los barrios alejados, con personalidad, como el Alfar.
-Y eso que no hemos hablado mucho. Antes de pegar la vuelta, le voy a adelantar algo. En el barrio se está construyendo un templo religioso que será la envidia de todos los barrios... La Iglesia Ortodoxa Rusa ya empezó con las tareas para levantar el que se llamará el Templo de los Martíres Reales en la Reserva Forestal Alfar. Son esas igleasias, con cúpulas abovedadas y agujas. La construcción va lenta, pero va. A pie firme, como creció el barrio.
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25.2.08
Bosque Alegre: un cuento de hadas
-Hoy le tengo preparada una sorpresa. Intentaré hacerle ver algo que no está a la vista de la gente de su generación. En Mar del Plata ya existe una ciudad perdida y sus restos se sostienen débilmente a través del tiempo y la memoria. Se puede estar mirando una playa de acantilados en apariencia virgen y desconocer que allí funcionó cierta vez un puesto de vigilancia, o un centro comercial y no poder imaginar que décadas atrás eso fue un velódromo... o simplemente estar caminando sobre el lecho de un lago. Pero insisto en lo que siempre le he dicho: hay que ser un buen observador y detenerse un segundo para ver el pasado en el presente.
-Profesor, esta vez creo que puedo estar apenas a la altura de las circunstancias porque por lo que puedo ver estamos por entrar al barrio Bosque Alegre y alguna vez me contaron que ahí dentro había un lago.
-Muy bien querido. De eso se trata, de preservar al menos sea en la memoria de los individuos la gloria de otros días. Y cuando digo gloria no estoy cediendo ante el exabrupto. Saben los que conocieron el Bosque Alegre en todo su esplendor y los que disfrutaron de todo lo que ofrecía, que fueron tiempos gloriosos. Y algo de esa mística hoy recorre el aire de lo que ahora ya no es un bosque sino un vecindario. Pero que le parece si entramos por aquí, por la esquina de Polonia y Juan B. Justo.
-Sí, cómo no, Profesor. Dejeme ver el nombre de esta diagonal... Los Olmos.
-Tenga cuidado, no se deje llevar por la habitualidad. Si una calle sale del vértice formada por otras dos, no siempre es una diagonal. De todas maneras... de eso se dará cuenta a medida que caminemos por el Bosque Alegre. Este barrio no tiene comparación en Mar del Plata cuando analizamos el trazado de sus calles. Pero avancemos...
-Ese cartel allí ubicado habla de la necesidad de mantener el espíritu del barrio. Esa idea de tomar a los árboles como individuos, casi como vecinos...
-Es que como podrá darse cuenta, los árboles y la forestación son venerados en este lugar. Al extremo de que todas sus calles rinden culto a las especies que fueron plantadas cuando inició toda la historia. A propósito, ¿quiere que le cuente sobre el Bosque Alegre?
-¡Por supuesto, Profesor! Caminar a la sombra de estas plantas y respirar su fragancia me entusiasma.
-Lo primero que me gustaría que sepa es que usted esta recorriendo el barrio más chico de Mar del Plata. Es tan chico que hasta tuvo que pedir prestadas algunas manzanas.
-Disculpe si soy grosero Profesor, pero usted me está cargando, ¿no?
-No, querido, para nada. Cuando el barrio se constituyó, algo sobre lo que ya le voy a contar, era tan chico que la municipalidad no pudo aceptarlo porque el requisito indispensable para que un sector de la ciudad se transformara en barrio y tuviera su propia sociedad de fomento era un tamaño mínimo. Se requerían 30 manzanas y el Bosque Alegre, no las tenía. Entonces tuvo que pedir a un barrio lindante que le permitiera anexar algunas manzanas y así llegar al número requerido.
-Cada día que pasa más me convenzo de lo grandioso de estas caminatas, Profesor. Usted me cuenta cada cosa que si las leyera en una novela me parecerían exageradas....
-El que exagera ahora es usted. Bueno, esta calle a la que estamos por llegar se llama Los Eucaliptos y podría ser considerada la calle principal del barrio. Es una circunferencia perfecta y como verá es a donde desembocan todas casi todas las calles, salvo cuatro. Las manzanas no mantienen una uniformidad. No existen dos manzanas con la misma forma y tamaño. Y algunas son tan grandes que bien podrían caber dos y hasta tres de las convencionales. Por eso es que el barrio podía tener el área de un barrio, pero no la cantidad de manzanas.
-Y ahí le pidieron prestadas... pero ¿a qué barrio?
-Bueno ahora es el barrio El Gaucho. Son siete manzanas que van de Juan B. Justo a 12 de octubre y de Heguilor a Reforma Universitaria. En un principio, en algunas de esas manzanas se iba a construir el club Hípico, pero luego ese proyecto quedó de lado.
-Profesor, la ansiedad me está ganando. Quiero que me hable del lago, ¿no es acaso lo más importante del pasado del Bosque Alegre?
-Cuando lleguemos al lago le voy a contar. Mientras tanto sigamos caminando por Los Eucaliptos y disfrute de las edificaciones y los árboles. Como le venía diciendo, el barrio debió anexar esas siete manzanas. Debido a que nunca se concretó el proyecto del club ecuestre, hoy se pueden ver una notoria diferencia entre el sector anexado y el bosque propiamente dicho.
-¡Profesor, mire, eso es un tótem!
-Sí, es un tótem. En esta casa vivió un artista que la transformó en un verdadero atractivo. El tótem lo vemos desde aquí, como tiempo atrás se veían las tejas amarillas y decoradas. Pero lo que no se vía desde afuera, aunque este hombre invitaba a pasar a los vecinos sin problemas, era por ejempo el piso de la sala principal que era un juego de ajedrez. Las piezas tenían el tamaño de un niño...
-¿Quién era este hombre?
-Dardo Cabrera, quien fuera uno de los impulsores de la creación de la Escuela de Cerámica. Según tengo entendido, Cabrera vendió esta casa y se fue a vivir a Bélgica donde se dedicó a aprender los secretos del baile del tango. Años después regresó a Mar del Plata. Tal vez ganado por la nostalgia, por el agradecimiento a sus vecinos, se ofreció y dio algunas clases en la sociedad de fomento. Doblemos acá en Los Ombúes, que quiero empezar a contarle sobre el lago.
-Cuando se habla de lago, Profesor, ¿de qué se está hablando? De una laguna gigantesca, de un pequeño espejo de agua...
-Ni una cosa ni la otra. Acerquémonos a la plaza que por obvias razones lleva el nombre de Plaza del Lago. A Mar del Plata la atraviesan varios arroyos... ¡Ah, me olvidaba! Cuando le hablé de El Grosellar los otros días le dije que uno de sus límites era el arroyo La Paolera, cuando debí decirle La Tapera. Bueno, le decía que a Mar del Plata la surcaban arroyos y uno de ellos se llamaba arroyo Del Tigre que venía desde la ruta 88, para que se dé una idea, y pasaba justo por esta zona. Las características del terreno aquí, en la plaza, donde usted está parado ahora, hacían que se formara un lago, y que en la orilla sureste digamos siguiera el cauce el arroyo.
-Lindo, ¿no Profesor?
-Muy lindo y no tan alejado de lo urbano. Imagine los años '30 ó '40. Entonces una compañía llamada Comercial General de Tierras adquirió todos los terrenos circundantes al lago y prediseñaron el barrio. Empezaron a forestar y a lotear. Y de a poco se fueron construyendo algunas casas. Pero lo más importante es que el lago era una de las bellezas de la Mar del Plata periférica. Y quienes proyectaron el barrio hicieron en el lago un amarradero, colocaron botes y hasta una cascada.
Los enamorados podían llegar y alquilar sus botes, para pasear, y muchos alumnos de las escuelas de la periferia de la ciudad venían de camping. Algunas de aquellas primeras casas tenían sus puentes, porque el arroyo pasaba por dentro del lote. Hay una casa que lo sigue teniendo, pequeño, pero lo sigue teniendo. Esta en Los Eucaliptos casi Los Alamos.
-¿Y estos puentes de piedra?
-Bueno estos puentes de piedra que salen de la plaza y atraviesan la calle, que es la única calle que no tiene nombre de árbol...
-Sí..se llama Del Lago, nada menos...
-Del Lago, tal cual, bueno esos puentes, le decía, son los puentes originals que había en el lago a la entrada y salía del cauce del arroyo. Ahí puede advertir qué trayecto recorría. En el lago habían distintas especies de árboles, como aromos y sauces llorón y una gran fauna. Peces, patos, cisnes y ranas, muchas ranas.
-Un cuento de hadas en Mar del Plata...
-¿Sabe que sí? Era de una belleza tal que la gente comenzó a comprar lotes y entonces fue necesaria la creación de la sociedad de fomento y allí surgió lo que le conté de las siete manzanas anexadas. Las primeras reuniones de la sociedad de fomento fueron en la parroquia Nuestra Señora del Huerto.
-Pero Profesor, qué pasó con toda esta belleza...
-Mire, la historia no documentó por qué murió el lago, me refiero a si algún informe técnico adjudicó el desenlace a una causa específica, pero el barrio y su gente lo tiene muy claro. Dicen que la culpa la tuvo la multinacional Coca Cola, cuando abrió se instaló en la ruta 88. Los vertidos de los químicos, aseguran los vecinos, contaminó el cauce subterráneo del arroyo y no pasó mucho tiempo para que la fauna comenzara a morir o migrar. El lago se contaminó y a mediados de los '70 la Municipalidad decidió entubar el arroyo y tapar el lago, construyendo tiempo después esta plaza.
-¡Qué pena!
-Sí... Pero venga, sentémonos que le voy a contar de los bailes de Zanoli y Philapsidis, de la pesca de Hugo Martín y Coco Saggese, del centro de Polacos que está en el barrio, de la biblioteca Gladys Smith...
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18.2.08
Mitos y verdades de El Grosellar
-No es difícil pensar que a medida que pasan los años, una ciudad acumula más y más misterios. La historia es un espacio físico en donde los episodios ocultos encuentran un lugar para permanecer, en muchos casos sin revelarse jamás. Y a una ciudad la forman sus barrios, sus distritos... Tal vez no entienda mucho esto que estoy diciendo, pero estar frente a la entrada principal del Parque El Grosellar me provoca una sensación particular.
-Profesor, usted siempre me habla de los misterios de los barrios...así que no veo porque esto debiera ser diferente.
-No lo ve porque no conoce mucho sobre El Grosellar. Le apuesto que al terminar esta charla habrá incorporado a su vida un par de incertidumbres importantes. El límite entre realidad y mito es muy difuso en este barrio.
-Si se trata de mitos, adelante Profesor...
-Bien, para empezar le voy a decir que El Grosellar es un barrio extraño y bellísimo. Tiene sus bordes en la calle Ortega y Gasset al este, Carballo al oeste, acá en Estrada al sur y el arroyo La Tapera al norte. Y si pudieramos tomar una foto aérea verá que la singularidad de su forma, dada por el trazado de sus calles, permite pensar en un vecindeario pre-diseñado. Es en la concepción misma del barrio donde aparecen los primeros rasgos de misterios...
-Es muy lindo este lugar Profesor. ¿Podemos caminar algunas cuadras?
-Sí claro, entremos que le cuento. Mire, lo importante para resaltar de este barrio comienza en los '40. Había un hombre que vivía en Buenos Aires y se llamaba Oscar Platte, con doble t me parece. Era un alemán que se compró las tierras de las entonces Lomas de Camet. No estoy muy seguro, pero creo que este hombre tenía una ferretería en Buenos Aires y luego se transformó su negocio en una compañía de tierras.
-¿De ferretería a bienes raíces?
-Le dije que la historia de El Grosellar tiene muchos misterios. Pero dejeme que siga porque habrá muchos aspectos que le pareceran confusos. En los años '40 la zona Norte de Mar del Plata tenía bien marcados sus límites. Hasta el Monte Luro la ciudad se podía tomar como tal. Más allá comenzaban las quintas y poco a poco, a ritmo muy lento, se poblaba lo que actualmente conocemos como el barrio Constitución. Entonces, era algo así como una aventura de colonización comprar tierras para hacer un barrio tan lejos.
-No sea exagerado Profesor...
-Sí, tiene razón. Aunque ahora es fácil disfrutar de este lugar. En aquella época hacía falta muchísimo trabajo. Bueno, lo concreto es que este señor Platte compró y se dedicó a forestar. Llegaba con un camión cisterna a regar sus nogales americanos, castaños, algunas variedades de coníferas como Lambertianas, que es una especie protegida mundialmente, álamos, arces, algunos pocos eucaliptos y esta forestación tuvo, según dicen, un motivo muy preciso. ¿Por qué siendo el eucalipto tan común en la zona fue lo que menos se plantó? Tal vez porque no es precisamente una especie que reprodujera la identidad de los bosques europeos...
-No entiendo...
-Aquí ya empiezo a conjeturar y me dejo llevar por los mitos, las leyendas... Platte, que era alemán, loteó y comenzó a vender las tierras ya forestadas y la mayoría de los primeros compradores fueron alemanes. Que un europeo se radicara en un país como Argentina a fines de los '40 y los '50 hablaba de algún tipo de relación con la Segunda Guerra Mundial. Gente que escapaba del hambre, de la muerte... Pero si esa persona era alemana causaba inmediatamente preguntas.
-No me diga que...
-No, no le digo nada. Solo le comentó que en los '40 y '50 se empezó a hacer un barrio en Mar del Plata destinado a inmigrantes alemanes. Un barrio forestado con especies europeas porque me olvidé de decirle que había frutales ciruelos y manzanos, y una especie de frutas muy pequeñita llamada grosella. Luego la zarzamora arrasó con todo y se fue comiendo a la grosella. No obstante el barrio tomó el nombre El Grosellar.
-¿Pero hubo gente alemana viviendo por estas calles?
-Por supuesto, hasta no hace mucho. Pero también sucedió algo extraño. Muchos alemanes compraron lotes y por alguna causa que desconozco jamás vinieron a vivir. Por eso es que no se puede decir que El Grosellar fue un barrio de alemanes. Tal vez si se tiene acceso a los documentos que en los '50 mencionan a los dueños de las tierras, se podría ver que todos los terrenos pertenecían a gente de Alemania. Pero muchos de esos propietarios jamás vinieron.
-Qué sorpresa me da Profesor. Pasé miles de veces por El Grosellar y nunca imaginé todo esto que me cuenta.
-¿Quiere una historia más rara todavía? Bueno escuche... En los '60 un habitante del barrio era un señor búlgaro... otro europeo... Este hombre andaba con vacas y una especie de arnés que le permitía sostener un gran palo, como si fuera un báculo. Todo el barrio lo llamaba el "viejo del palo". El hombre ordeñaba las vacas, comía frutos que el mismo se generaba, no es difícil pensar que se alimentaba de palomas, de aves. En un tiempo hasta vendía algo de leche, pero no como un comercio permanente. La gente que empezó a poblar el lugar se sintió molesta con las vacas y se las hicieron sacar. Entonces el hombre se marchó del lugar y al poco tiempo se incendió la casa precaria en donde el vivía.
-¿Se incendió?
-Sí, era como un cobertizo... Lo cierto es que las monjas carmelitas estaban afincadas en cercanías de la Villa Marista, no muy lejos de acá y parece ser que le dieron a este búlgaro alojamiento y comida. Las monjas hacían bordados, un tejido por aquí, dulces por allá, y de esa manera subsistían. El mito o chisme barrial dice que este hombre era un búlgaro, refugiado de guerra, que recibía una pensión que guardaba en su colchón. Al morir este hombre, el dinero quedó en poder de las monjas carmelitas, que poco tiempo después construyeron una iglesia muy linda. Las monjas vivían del bordado y los dulces, y no parecían contar con fondos para construir tan bello templo.
-No le puedo creer...
-Es difícil de creer, pero el búlgaro existió y vivió en este barrio. Por otra parte, en los primeros años del barrio, era difícil conseguir un lote. Había que ser alemán o...
-¿O qué, Profesor?
-Dicen que Platte no vendía a cualquier persona sus tierras... Incluso se recuerda un incidente con un arquitecto, de apellido Traine, que tenía una mujer del interior del país y las malas lenguas dicen que jamás pudo comprar su lote por ese motivo.
-¿Qué motivo?
-Su mujer. Pero esto que yo le cuento es algo surgido de la memoria de mucha gente y como no está documentado, es muy fácil de refutar. De todos modos, yo tengo que contárselo.
-Profesor, ¿aquello que se ve es un ombú?
-Es un ombú y en frente hay una plazoleta en recuerdo al artista plástico Bruzzone, cuya casa queda acá a la vuelta, por la calle Marie Curie. Esa casa es un museo. Luego le voy a contar una anécdota bellísima de Bruzzones. Ahora le quiero decir que El Grosellar en un primer momento tenía sus calles numeradas, luego se le colocó nombre de playas conocidas como Montecarlo, Cocapabana, Miami, Palm Beach, Bristol, Biarritz, etcétera y finalmente pasaron a llamarse de otro modo. Alguna de esas calles tenían una trotadora en el medio y ayudaba para no encajarse. Era como una huella que todavía se puede ver.
-Entonces permitame resumir Profesor... Este es un barrio descubierto por un alemán, comprado por un alemán y vendido a alemanes. Pero jamás llegó a ser un barrio exclusivamente de alemanes viviendo aquí...
-Algo así. Hubo varias familias recordadas por vivir en gran armonía. Una de ellas tuvo a un integrante de nombre Hans que tenía algunas colmenas y vendía miel en el barrio, en la zona de Arlt y Ortega y Gasset, cerca de Caseros. Después había otra familia que tenía una casa de té, pero eso ya más cerca de Montemar, es decir pasando Carballo. Era una casa de té era de unos alemanes que tenían algunos pocos frutales. Había que hacer cola para comer la tarta de grosella, de ciruela y de manzana.
-Me iba a hablar de Bruzzone...
-Bueno, aquella es su casa. Ramón Escavuzzo era un médico que se dedicaba a la pintura y fue quien convenció a Bruzzone para llegar a El Grosellar. Escabuzzo había estudiado medicina en... Alemania. Venía a pintar y traía a sus amigos. En esa casa instaló un pequeño laboratorio médico, en el que hacía algunas investigaciones. Llegó a tener una biblioteca muy grande. Tenía por afición la pintura y sus amigos pintores decían que cometía el ejercicio ilegal de la pintura. El se consideraba pintor y los pintores lo consideraban médico.
-¿Y él convenció a Bruzzone?
-Bruzzone descubrió el lugar andando en bicicleta con su mujer Magda y Escavuzzo les mostró en detalle el barrio. Bueno Bruzzone montó su taller y su casa en la calle Maria Curie, lugar que hoy sigue manteniendo esa dualidad. La gente puede visitar la casa y ver dónde y cómo trabajaba el maestro Bruzzone. Tiene algunas anecdótas muy pintorescas y una que expone la sabiduría de este hombre.
-Cuénteme...
-Bruzzone tenía debilidad por las vainillas. Comía muchas vainillas. Una tarde, como casi todas las tardes, había salido a caminar por el parque y se encontró con una pequeña de dos años caminando en soledad. Al mismo tiempo, la familia de la niña había dado el alerta barrial y rápidamente otros chicos, y algunos adultos iniciaron la búsqueda. Minutos después, la gente que buscaba a la pequeña ve venir a Bruzzone con la niña en brazos. Ambos comían una vainilla. "Qué suerte que la encontró, estaba perdida...", dijo la madre. Bruzzone miró a la pequeña, en un gesto cómplice, y luego dijo: "No se perdió, estaba conociendo".
-Profesor, no lo quise interrumpir antes, pero cuando estábamos en la plazoleta Bruzzone vi un pozo, un agujero en la tierra. ¿Hay sótanos o algo así en el barrio?
-De eso no le puedo hablar.
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11.2.08
Camet: la estación de los recuerdos
-¿A dónde vamos esta vez, Profesor? Acabamos de pasar frente al Aeropuerto...
-Vamos a Estación Camet, que quiero contarle algunas historia de allí. Bueno en realidad, ya estamos en Estación Camet, a donde vamos es al centro cívico de un pueblo que tiene las características de tal.
-¿Qué tiene que ver con el Parque Camet o con Alto Camet?
-Esos son barrios de Mar del Plata que están por la costa, pero acá por la ruta a Buenos Aires, no creo que sea justo llamar barrio a una población que tiene sus propios barrios. Además Estación Camet tiene su propio código postal, el 7612, ¿Ve ese que dice allí barrio Castagnino? Bueno, ese es uno de los vecindarios que tiene Estación Camet.
-Entonces como dijo usted ya estamos en Estación Camet...
-Sí, ahora estamos yendo hacia La Laura, que es donde podríamos encontrar el centro de Estación Camet. Centro porque contiene los elementos necesarios como la policía, la estación de tren, la cooperativa eléctrica, el almacén, la estación de servicios, el club y, detrás de todo eso, una gran historia.
-Profesor, me intriga...
-Deje que le cuente entonces. Para que entienda, debe saber que justamente aquí, en el kilómetro 393 de la ahora llamada Autovía 2, es nuestro punto de partida, el lugar que estamos buscando. Esto es La Laura, ahí tiene el destacamento policial... que es bastante nuevo. Bueno, La Laura es uno de los barrios de Estación Camet, del mismo modo que están El Casal, Los Zorzales, El Sosiego, La Trinidad, El Tejado, Castagnino, Las Margaritas, 2 de abril y Santa Angela. Pensé que no me los iba a acordar a todos...
-Usted siempre recuerda...Y eso me obliga a preguntarle algo, Profesor: ¿Usted antes de salir a recorrer conmigo investiga, estudia, o solo se trata de un ejercicio de su memoria, de viejas charlas, de viejos amigos?
-De todo un poco querido, y algunas cosas he vivido yo mismo. No me creería si le hablo de la estación de tren de aquí como si yo hubiera estado en sus inicios, porque esto comenzó antes de 1890. Pero las cosas que el tiempo no me dejó vivir, la memoria de la gente me las ofrece. Hay que saber buscarlas. No nos distraigamos más. Esta calle que está en la entrada a Estación Camet, a lo que sería La Laura, era el viejo camino a Buenos Aires. Antes de 1938 se iba por acá, no había ruta, y el camino no se alejaba mucho de las vías del tren. Por eso es que puede ver del lado de enfrente de la ruta, la escuela que tiene una orientación algo extraña.
-Sí, está como en chanfle, oblicua...
-Porque hoy la referencia es la ruta, pero antes no esaba esa referencia. No estaba oblicua la escuela, sino a la vera de la entonces ruta, porque por ahí pasaba el camino que luego salía a la zona de Estrada y 180. Ese era el ingreso a Mar del Plata. Bueno, pero la estación de tren de Camet, que todavía se conserva en perfecto estado, era el centro de esta región. Imagínese que en los comienzos de siglo pasado, los alrededores eran todas estancias que tenían hacienda, sembrados, por ejemplo El Casal tenía 7 u 8 tambos, más adelante en el tiempo estaba La Pastora que fue el primer criadero de aves, también estaba el haras Stella Maris, la cristalería en donde ahora está la fábrica de galletitas Camet... Bueno, para todo eso se necesitaba transporte, y ahí estaba la importancia capital del tren. La estación tenía su propio corral...
-¿Corral? ¿Se guardaban animales allí?
-Claro, a la espera de los trenes de carga no solo se guardaban los animales para llevar a Liniers, sino también en los grandes galpones se guardaba papa, por ejemplo. Ni se imagina lo que costaba sacar la tierra de la papa cuando los muchachones de la zona querían armar un baile... Pero le decía, el sistema de pedido de vagones era responsabilidad del jefe de estación, quien recibía el pedido de los dueños de las estancias con varios días de anticipación y él tenía que empezar a pedir vagón. Ese trabajo era muy bien agradecido por los patrones, y el jefe de estación siempre recibía de regalo alguna vaca lechera, una oveja con corderitos...
-Me imagino el movimiento de gente que era esta zona...
-A tal punto que lo primero que se necesitó fue tener un lugar de reunión y entonces surgió el almacén La Trinidad. Pero no crea que el almacén era una despensa... No, el almacén era despensa, bar, salón de cartas, club también ya que tenía una cancha de pelota paleta y otra cancha de bochas. Porque además del tren de carga para las grandes estancias, también pasaba un camión levantando las arvejas de los chacareros y estos sufrían largas esperas... Por ejemplo se decía que el camión pasaba a las 8 de la mañana, pero tal vez eran las 3 de la tarde y no había llegado. Entonces los chacareros se reunían en la estación y jugaban a las bochas, a las cartas, a la pelota. Y me olvidaba, también había un surtidor de combustible, para algunas máquinas del campo, aunque muchas tareas se hacían a sangre nomás... Del almacén solo quedan las paredes y el recuerdo.... Yo le tendría que contar sobre el maestro...
-¿Qué maestro?
-El maestro Juan Carlos Castagnino.
-Como el barrio que está antes...
-En homenaje a él. Castagnino eligió vivir muchos años de su vida en esta zona y todavía se conserva su casa en la zona de El Tejado, acá cerquita, detrás de la estación. Esa casa tiene una particularidad... Es la única casa de dos plantas, porque podrá imaginar que el maestro Castagnino tenía en lo alto su taller. Castagnino es un prócer aquí y debiera ser más reconocido aún en Mar del Plata. Cuentan que este pintor, dibujante, artista integral, llegaba hasta el alamacén con algunas hojas y lápices y de repente veía que uno de los paisanos estaba sentado en tal posición y hacía tres cuatro trazos... "Ya está", decía y se iba con el dibujo. Hay muchos dibujos, bosquejos, cuadros de él en la casa de viejos vecinos de Estación Camet... Incluso hay una historia muy digna de ser contada...
-Adelante Profesor...
-Mire, la actividad que había en torno a la estación era muy grande, entonces hacía falta un club. Allá por los '40 se fundó el Social y Deportivo Camet. Los muchachos jugaban al fútbol en una canchita que estaba donde, sin saberlo nadie, tiempo después se levantaría la sede del club. Porque el Deportivo Camet se reunía en la estación, en el almacén, donde se podía. Bueno, lo cierto es que el equipo fue haciéndose competitivo y empezó a participar en los torneos barriales de Mar del Plata, contra barrios y contra algunos clubes que pretendían también llegar a la liga oficial. Debería resumir esto, pero es imposible. En el año 1957 el equipo de Deportivo Camet es incluído en el torneo de segunda B y obtiene la mayor cantidad de puntos, junto con Deportivo Norte. Pero el gol average lo favorecía a Camet. Todos celebraban hasta que se enteran que el Petiso Martínez había jugado con el documento del hermano. El reclamo de Norte llegó y con él la justicia de escritorio.
-Qué desazón...
-Pero las autoridades de la liga de fútbol tuvieron una idea. Mar del Plata jugaba por la copa Beccar Varela contra San Juan en el estadio San Martín y los dirigentes organizaron como preliminar un choque "moral" entre Norte y Camet. Y los muchachos de Camet, sin su goleador, contra un equipo que se había reforzado, no fallaron: ganaron 2 a 1. El rimador oficial del pueblo, Don Llera, hizo cuartetos para cada héroe del equipo, y Castagnino, eufórico por el triunfo, retrató a cada uno de los jugadores. Hoy aquellos futbolistas, hombres de más de 70, tienen consigo los retratos hechos a lápiz y firmados con una gran letra "C".
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Etiquetas: Estación Camet
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